Este relato podría titularlo "Volando con los Maestros", y recomendar su
lectura a los señores y señoras del "Miedo ambiente..." esos que dicen que el
vuelo libre es perjudicial en el entorno de los parques naturales.
¡Pues bien! El fin de semana quedé con mis buenos amigos: Antonio, Javier y Belén, para
ir a volar a Cebreros, también nos acompañaban Marisol y María, componentes del aparato
logístico, y así poder conocer más el vuelo de Arrebatacapas ya que, solo había volado
una sola vez en este maravilloso sitio de la sierra de Ávila.
Como norma para conocer la aerología local, desde mis comienzos, me gusta seguir una
serie de pasos, que realizo casi de forma obsesiva, primero nunca vuelo sin hablar con
alguien que ya haya volado allí anteriormente y me indique lo más elemental de todos los
lugares, como el lugar apropiado de aterrizaje, alternativos, despegues, frecuencias de
radio y los primeros datos sobre el comportamiento de los vientos en la zona.
En la vez anterior mi plan de vuelo fue, despegar de espaldas remontar un centenar de
metros sobre le despegue, aprovechando la magnífica termoladera que se me ofrecía, dar
un par de pasadas delante del despegue y dirigirme hasta el aterrizaje. Así de sencillo y
de simple, para ir reconociendo el terreno, y así lo hice, todo salió bien y según se
había planificado por lo que mi experiencia fue de plena satisfacción, al fin y al cabo
creo que, es de lo que se trata.
Esta segunda vez, y a finales de primavera, llevaba otro plan algo más ambicioso, ya
conocía lo más elemental del sitio así que, ahora me adentraría en los mundos
turbulentos de nuestras amigas las térmicas y procuraría estar más tiempo en vuelo y al
menos, subir trescientos metros por encima del despegue, con eso me conformaba,
"seguiré siendo humilde e iré despacio por que tengo mucha prisa..." Además
las buscaré lejos de la ladera, me decía a mi mismo.
Pues dicho y hecho a las 12.30 h (10.30 h solares) estábamos en el despegue y el chequeo
de mi equipo realizado. La brisa entraba suave y bien encarada, sin más me fui al aire, y
como soy de buena educación lo primero que hice fue saludarle, al aire se entiende, él a
su vez me devolvió el saludo regalándome una suave remontada con una posterior
descendencia que presagiaba la primera térmica delante del despegue, a unos cien metros
en horizontal más o menos, y así fue, el vario comenzó a pitar y tras unos instantes
comencé a girarla y a subir con determinación, la tasa de ascenso era modesta no
superaba los 2 m/s, cuando me encontraba a unos 200 m sobre el despegue, comencé a
disfrutar del maravilloso paisaje que desde esa altura se divisa, de Sur a Oeste los
embalses de Picadas, San Juan, Puente Nuevo y Burguillo que escalonan el río Alberche, a
su paso por la provincia de Avila, al Este la localidad de Cebreros, el día era radiante
y las nubes, como algodones, salpicaban la sierra presagiando una tarde de tormenta.
En esos goces me encontraba cuando divisé, dirección al río y a unos 500 m en
horizontal y algo mas elevados que yo, tres maestros buitres leonados que giraban una
ascendencia y me devolvieron a mi estado de consciencia voladora... ¿Y por qué no?
Pensé, voy a saludarles y de paso a lo mejor me ve alguien del Tiemblo, localidad a los
pies del embalse de Burguillo y famosa ya por tener entre sus miembros municipales a
alguien que se cree Ecologista y que ha prohibido el vuelo desde Cabeza la Parra, que es
la orientación para el vuelo de Norte en esos lugares, porque dice que molestamos a los
buitres, pobre excusa la que se han buscado. En la pequeña transición, hasta su
térmica, perdí unos 100 m y cuando llegué a ella me encontré bajo tres magníficos
ejemplares que volaban en círculo. Cual si de una competición se tratara, me puse a
girar en su mismo sentido y sin salirme del radio que ellos me marcaban, hasta conseguir
llegar a estar a su misma altura, 15 m delante de mí estos soberbios voladores me miraban
y me decían: " Si todos los humanos probaran a ponerse, como tú ahora, a nuestra
altura, a lo mejor comprendían por qué nos tiene que alimentar de forma artificial y
ponernos como excusa para impedir que os tengamos como verdaderos hermanos".
¿Cómo explicar la sensación? Ya había volado antes con otros de sus congéneres, pero
en esta ocasión fue algo especial... Probarlo, y a los que no lo entienden que les den...
alguna enseñanza.
Al poco, me despedí de ellos y me fui al aterrizaje, 45 minutos de vuelo, 300 m sobre el
despegue, objetivo y plan cumplido.
Hasta pronto amigos.
Juan Antonio Ojados Alvarez
|