Lo que os voy a contar es, punto por punto,
absolutamente cierto, y lo presento como ejemplo moralizante del descalabro intelectual
que puede provocar la adicción al vuelo, para que otras personas queden advertidas y no
entren en esta configuración que me ha arrastrado hasta las abyectas actitudes que mi
relato os va a descubrir.
Soy, desde mucho antes de probar un parapente
por primera vez, profesor de instituto. Sí, me peleo con adolescentes, eso es lo que me
da de comer: les enseño a estar callados, a sentarse, a no comer pipas en clase, a no
tirarle del pelo a las compañeras, a no darles patadas en... bueno, en donde duele, a los
compañeros, y a veces hay tiempo para ver algún problemilla de física, algo de
matemáticas, geología, biología y todo eso.
Pero un día todo cambió: la campa, un poco de
teoría, un vuelecillo, luego otro, luego más teoría, más vuelos... y de repente
descubrí que todo aquello tenía un fundamento físico y una expresión matemática.
Jolín, tú, qué descubrimiento. Todo empezó a parecerme diferente. Precisamente tenía
por aquellos días que contarles a unos alumnos de COU la estructura de la atmósfera,
así que pasé del frente polar y les empecé a contar lo que era una térmica, y cómo
las cigüeñas y otras aves las usaban para volar. Fue una bonita aplicación del ocio al
curro, eso está bien. Luego, en física, empecé a cambiar ligeramente el tono de los
problemas: "si un parapente puede volar a 42 Km/h y tiene un viento en contra de 22
Km/h, calcular el tiempo que tardará en alcanzar un aterrizaje que está a 3.700 m de
distancia."
Pronto se hizo evidente que aquello era una
mina: "Si un coche hace un remonte a velocidad constante de tantos Km/h..."
"Si un piloto vuela a 30 Km/h con el viento oblicuo con un ángulo de 37 grados, a
una velocidad de 20 Km/h, ¿Cuánto tardará en llegar a una baliza que...?"
Con el paso de los años esto no ha hecho más
que empeorar: "Si un piloto biplaza cobra 4.000 pelas por vuelo pero hace una rebaja
de 20% a grupos de cinco personas, ¿cuánto cobrará a un grupo de 9 clientes?"
"Y si ese mismo piloto puede hacer un máximo de 10 vuelos en un día, ¿cuánto
podrá ganar como máximo en un fin de semana?"
Aún así, había parcelas del saber que aún
permanecían a salvo de la depravación: las ciencias naturales de los más pequeños,
chavalines de catorce años, muchos de ellos semianalfabetos y salvajes como panteras, que
no saben multiplicar por diez ni dividir por la unidad. ¿Qué rollo les puedo yo soltar a
estos que tenga algo que ver con el parapente? Veamos: me pongo a hojear el libro... nada
que ver con lo que se estudiaba cuando yo tenía su edad: ahora todo es sexo y drogas
(¡en serio!) ¡Hombre! ¡Las hormonas! Resulta que hay que hablarles de las hormonas,
pues ya está, ya lo tengo: "Veréis: imaginad un piloto que se encuentra con un
cumulonimbo (¿Un quééé?) bueno, y resulta que empieza a subir, a subir... y tiene que
bajar como sea, y hace una barrena brutal, (¿que tiene que barrer?) y se le rompen los
cordinos de un lado, (¿los porcinos ha dicho?) y entonces tira el paracaídas de
emergencia, y está muerto del susto. Bueno, pues la adrenalina o epinefrina, es esa
hormona que segregan nuestras glándulas suprarrenales, que activa el sistema simpático y
que..."
Total, no se han enterado de nada, claro, pero
yo me lo he pasado pipa, prácticamente he vivido ese vuelo, he lanzado el paracas, he
sobrevivido a esa nube, aunque sea un cumulonimbo virtual, y mientras tanto se ha pasado
el rato y apenas quedan unos minutos para el recreo. Fenomenal. En mi defensa diré que,
de todas formas, tampoco se enteran de nada si uno intenta explicar las cosas de otra
manera, porque su problema es que si les sacas de la alineación del Real Madrid y de la
videoconsola, ya no distinguen un huevo de una castaña, así que realmente no importa
mucho lo que les cuentes si eres capaz de conseguir que te atiendan durante un rato.
Pero los alumnos de COU (segundo de
bachillerato se llama ahora), esos son harina de otro costal: la principal diferencia es
que están agobiados por el examen que les impedirá a muchos entrar en la universidad. No
es que tengan una gran capacidad para razonar (eso no se aprende en unos pocos años),
pero al menos sí tienen cierta capacidad para relacionar cosas, tienen cierto interés,
han pasado la adolescencia, son más receptivos... y menos participativos: su especialidad
es poner cara de haba.
Bueno, pues con cara de haba o sin ella, como
estamos hablando de la presión en los fluidos, vamos a ver por qué tangente podemos
salirnos: "Mirad, hay un parámetro en parapente que se llama la carga alar. La carga
alar es el peso de la vela más el piloto, dividido por el número de metros cuadrados que
tiene la vela. ¿Me podéis decir qué magnitud es la carga alar?" Mis ojos sólo
encuentran miradas vacías. "Ya empezamos" se oye murmurar a una por allí
atrás. "Pues es una presión, ya me diréis si no, una fuerza, dividida por una
superficie... y ¿por qué es peligroso que descienda la carga alar por debajo de un
mínimo, eh?"
Les dejo que piensen unos segundos. Recorro a
la audiencia con la vista y decido que mejor cambiar de tema. No les interesa la carga
alar. "Mirad, el efecto venturi consiste en que un fluido, si aumenta su velocidad,
disminuye su presión lateral. Bueno, pues imaginad que tenemos un perfil aerodinámico
así, ¿veis? Como el ala de un avión, o como un parapente..." Humm... parece que
tampoco así. Hoy están muy fríos. Probemos con otra cosa.
"¿Por qué si un piloto sube en una
térmica hasta 4.500 m (lo digo así, sin darle importancia, para que se crean que es algo
que a mí me pasa con frecuencia), puede tener problemas para respirar, si allí arriba la
composición del aire es la misma que aquí abajo?" Esta vez las caras de haba tienen
un cierto brillo en los ojos, les he pillado. "Ajá, ¿se pueden comprimir los
líquidos? ¿Y los gases?" De ahí a la presión parcial de oxígeno hay un paso, y
con un poco de suerte todavía sacaremos algo en limpio.
Pero luego, a solas en casa, cuando veo el
temario y comparo todo lo que falta por explicar y lo despacio que vamos, me viene el
remordimiento. ¿Por qué no seré capaz de explicar las cosas de la manera clásica?
¿Qué culpa tienen estos pobres de que yo haya entrado en esta barrena centrifugada que
hace que todo pueda explicarse con ejemplos tomados del vuelo? Y eso que no os he contado
el día que discutí con mi novia y le dije que no hacía falta que me frenara tan
bruscamente las abatidas, que yo no plegaba con facilidad, y lo que me contestó ella. Eso
os lo cuento otro día.
Nacho Meléndez
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